«Brilla la luz para ellas», una historia debida

Romina Zanellato editó un libro sobre las mujeres en el rock argentino, desde los ’60s hasta este momento de mayor presencia, incluyendo no solamente a artistas, sino también a productoras, prensas, técnicas y periodistas.


Romina Zanellato. Foto: Violeta Capasso

La militancia feminista sabe de hacer historia. De ser partícipe de la historia en carne viva, la urgente, la que se va forjando en las calles y que luego se leerá en los manuales de secundaria. Sabe de dejar huella en el acontecer histórico pero también sabe de escribir la historia: de sentarse a abrir el arcón del pasado para trazar un recorrido que incluya a las mujeres, a las lesbianas, a las travas, a las personas trans, a les no binaries.

En esa práctica feminista se inscribe el libro «Brilla la luz para ellas», de Romina Zanellato: es una historia de las mujeres en el rock argentino que recorre un camino que va desde los primeros pasos del rock en los años ‘60s hasta el gran momento en 2019 en que Marilina Bertoldi ganó el Gardel de Oro.

La propia historia de Romina y de su libro se imbrican con las luchas feministas: es docente, periodista e integrante del medio LATFEM, su «casa feminista», como ella misma lo define. El primer germen del libro nació en un encuentro post asamblea con sus compañeras de LATFEM, en el que la remera de una de ellas fue el puntapié para pensar sobre la historia del rock. La remera decía «Las chicas inventaron el punk, no Inglaterra» y fue la chispa que las hizo preguntarse por la historia propia, por las y les referentes de nuestra música. Esa necesidad colectiva se convirtió en una búsqueda personal para Romina, tanto como público del rock argentino como desde su lugar de periodista especializada en música: «Es muy importante saber quiénes vinieron antes de nosotras y ante qué problemáticas se encontraron. Porque hay muy pocas periodistas de rock».

El libro tiene una mirada amplia, abarcadora que no se queda únicamente en quienes se suben al escenario sino que pinta una escena en la que hubo productoras, gestoras culturales, compositoras, artistas, prensas, mánagers y periodistas de rock. Quien se asome a la lectura se encontrará con figuras como la de Esther Soto, la gran organizadora del grupo MIA o la de Carmen Castro, mejor conocida como la Negra Poli, quienes imaginaron y crearon muchas de las maneras de producir música que siguen estando vigentes hasta el día de hoy. Del lado del periodismo, se reconstruye una genealogía de periodistas de rock que incluye a Gloria Guerrero, Cristina Rafanelli, Adriana Franco, entre otras.

Contar esa historia transversal sigue siendo urgente. Marilina Bertoldi contó en una reciente entrevista que cuando la convocaron para ser tapa de una de las revistas de música más importantes, ella pidió que quien la hiciera la nota fuera una periodista mujer. El pedido, que parecería simple de realizar, primero obtuvo una respuesta negativa y, finalmente, después de un largo tiempo, fue cumplido. Bertoldi sabía que estaba actuando políticamente, en pos de un cambio y Romina está de acuerdo con ella: «lo que ella hizo fue increíble: [es] darte cuenta de que no es solamente sacar un disco diciendo ‘el patriarcado, el patriarcado’. Ser feminista es tomar un montones de decisiones políticas como ‘yo quiero que en mi equipo haya mujeres, yo quiero darle oportunidades a mujeres, a disidencias. Yo quiero no sólo para mí, sino que en todos los lugares estemos’».

Disputar más lugares en la escena musical pero también detrás de bambalinas y, sobre todo, en aquellos sitios donde se decide qué nombres serán los que suenen en todos lados, es central también para diversificar una industria que históricamente segregó a quienes nos respondían a sus criterios: «Muchas de las músicas me decían que no se sentían excluidas de los músicos, que los músicos las integraban, les prestaban instrumentos. Compartían como se comparte ahora, como vos sabés que comparten ahora los músicos con las músicas. Hasta Pappo que es el chabón más machirulo del mundo, la amaba a Celeste Carballo, iba a tocar con ella a todos lados. La discriminación más grande provenía de otras lugares, de los lugares en donde se maneja la guita, la industria discográfica, los sellos discográficos y los medios de comunicación. Y los medios de comunicación sobre todo tienen una responsabilidad altísima en la invisibilización de la mujer. Y eso se nota cuando agarrás un libro sobre rock nacional y no ves una mina ni por casualidad», dice Romina, al respecto.

Porque, sin dudas, escribir una historia es también reconocer las experiencias truncas, los límites impuestos a la creatividad, las expulsiones de la industria. Romina rescata la figura de Cristina Plate, la primera mujer en grabar un simple en el rock argentino y una figura artística que aún hoy resulta innovadora y sorprendente: «en el rock la maltrataban porque había sido modelo, era muy linda y porque era muy académica con su voz. Ella tenía muy claro lo que no quería hacer, no quería ser una música comercial de pop y, sin embargo, como ella era linda la querían forzar a toda costa a que hiciera eso que ella no quería hacer. Y se terminó yendo de la música y eso también es algo que pasó un montón y no sé si está tan retratado; de músicas que terminan siendo expulsadas de la profesión porque se les impone otro estilo que no es el que quieren».

Desde aquel entonces, muchas cosas han cambiado, afortunadamente. Hoy hay una Ley de Cupo Femenino en Festivales que garantiza un piso mínimo de participación y que fue el resultado de la lucha colectiva en la música pero también del recorrido que sembraron las militantes feministas desde hace años. Es por eso que Romina incluyó al final de cada capítulo de su libro un apartado que recupera los hitos más importantes de cada década en las historias de los movimientos de mujeres, los feminismos, la teoría queer, lesbiana, travesti. Para ella, no era posible contar cómo llegamos a que una lesbiana ganara un Gardel de Oro sin mirar hacia atrás y reconocer a todas y todes les que pavimentaron otros caminos: «yo tenía que explicar cómo el feminismo fue mezclándose con la música en el transcurso de la historia; y además yo soy una periodista feminista e intento que todo lo que hago esté bajo el matiz de mi activismo. Para mí era importante contextualizar que ese acto [de Marilina] no salió un repollo. Algo que todas las periodistas feministas sabemos es que no hay que aislar los casos sino que hay que contextualizarlos; siempre hacer la revisión del pasado para entender que no es un caso aislado sino que es el corolario de una historia».

Mirando hacia el futuro, Romina tiene la esperanza de que la escena musical autogestiva e independiente pueda sostenerse, generar ingresos y tener un público consciente del poder y la responsabilidad que tiene: «lo mejor que puede pasar es eso: que se multipliquen las escenas, que esa escena under pueda ser lo suficientemente grande como para ser solvente y poder sostener al circuito de artistas. Si todas estas chicas no tienen la inversión de la industria, obviamente no la tienen, entonces el público tiene que poder solventarlas». Y en ese camino, la periodista espera que su libro pueda servir para generar no sólo nuevxs artistas sino también un mayor identificación y resignificación del público con una historia que también les pertenece: «mi deseo para el libro es que sea un material de consulta para descubrir cosas nuevas. Fantaseo que las nuevas generaciones hagan covers de esos discos, (…) porque si una no conoce su propio pasado, no sabe quién es. Ella están tocando ahí por todas las que tocaron antes. El objetivo de libro es ese: que incluso las propias músicas y las espectadoras como nosotras, sepamos quiénes estuvieron antes, quiénes somos nosotras».

Podés conseguir el libro «Brilla la luz para ellas» en la web de la Editorial Marea

Fuente: http://OmRadio.ar/notas/brilla-la-luz-para-ellas-una-historia-debida

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