Charly García, esa extraña influencia del trap y la electrónica

Aunque muchas cosas se pueden sentenciar sobre la extensa y variopinta obra de Charly García, hay dos que seguramente no darán posibilidad a la duda:
1. Nunca hará un reggaetón.
2. Es uno de los artistas que más impactó en el hip hop y hasta en la música dance argentinas.

Su influencia en esos campos es tan grande como la que ejerció en los trovadores, los rockeros, los ídolos del pop y el indie. ¿Hip Hop? En 1984 se estrenaron dos películas fundamentales para el género: Breakdance, de Joel Silberg, y Beat Street, de Stan Latham. Mientras que pioneros del rap argentino de la talla de Jazzy Mel, de la misma forma que muchos artífices de la incipiente escena que se cocinaba en el Oeste del Gran Buenos Aires, ponían la piedra fundacional en sendas experiencias audiovisuales, Charly mechaba el “El rap del exilio” en su disco más visceral: Piano bar. Claro que fue visto como una falta de respeto por MCs y b-boys, pero el ejercicio cumplía con un par reglas del género: sostenía la métrica y abordaba un contenido político. Quizá su humor era demasiado sofisticado.

A la distancia, “El rap del exilio” representó para el pop y el rock local lo mismo que “Rapture”, de Blondie, para el punk y la new wave neoyorquina de comienzos de los 80. Era el primer rap blanco argentino, con la salvedad de que acá no había referentes del género afrodescendientes para contrastarlo. No obstante, un año antes, en el único disco que legó el dúo Moro-Satragni, Charly García, a manera de manifiesto deseoso, había cantado: “Cómo me gustaría ser negro, y con mucho olor”.

Antes de que se abocara a exprimir hasta el delirio el método de composición clásica, lo que patentó su etapa Say No More a lo largo de los 90, el artista registró la canción que mejor sintetiza su conocimiento sobre los recursos de la música urbana: “El rap de las hormigas”. Si bien a priori parece una oda a la exaltación, porque además fue la única del disco que tuvo su definición en Brasil, con la complicidad de Os Paralamas do Sucesso, fue donde el Emulator (instrumento que hace las veces de banco de sonidos) se vistió de gloria al samplear no sólo la voz artificial que responde en el diálogo de la letra, sino el carnaval carioca de fondo.

Como dato de color, la grabación de Parte de la religión en Nueva York se llevó adelante en Chun King House of Metal, estudio en el que se grabaron discos fundamentales del hip hop como Radio de LL Cool J, Raising Hell de Run-DMC, It Takes a Nation of Millions to Hold Us Back de Public Enemy, y Licensed to Ill de los Beastie Boys. De hecho, el ingeniero de sonido que hizo la mezcla del debut del entonces trío neoyorquino fue Joe Blaney, que, además de convertirse en aliado de Charly García a partir de Clics modernos, en 1983, fue en buena medida responsable de revelarle la idiosincrasia sonora de la megalópolis estadounidense al cantautor argentino. Uno de los clásicos de ese disco, “No me dejan salir”, contiene el primer sample que se haya incorporado en un disco argentino: recorta y loopea el segundo 6 de “Hot Pants Pt. 1 (She Got to Use What She Got to Get What She Wants)”, de James Brown. Y por si fuera poco, reemplazó la batería por una TR-808, la caja de ritmos esencial para la evolución del hip hop, el electro, el techno y el acid house.

Fuente: https://silencio.com.ar/etc/zoom/charly-garcia-esa-extrana-influencia-del-trap-y-la-electronica-49564/

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