23 de mayo de 2024

‘LA FAMILIA ES DONDE NOS HACEMOS AFECTOS PERO DONDE A VECES ESTÁN LOS MAYORES DAÑOS’

Maivo Surez escritora Foto Eliana Obregn
Maivo Suárez, escritora. Foto: Eliana Obregón.

La escritora Maivo Suárez pone el acento en su novela «Sara» en una mujer de 63 años recién jubilada que intenta proyectarse con un ingreso que no alcanza, después de haber trabajado durante décadas como empleada administrativa, y logra, a través del detalle de los oficios laborales y los vínculos familiares, una atmósfera que enriquece la perspectiva sobre una coyuntura compleja en la que los adultos mayores no suelen ser protagonistas de las ficciones.

Nacida en la comuna chilena de Talcahuano en 1964, Suárez vivió y estudió en Argentina hasta que en 1988, egresada de la carrera de Trabajo Social, volvió a vivir a Chile. Por eso, se considera chilena-argentina y de visita en Buenos Aires con la Feria del Libro como uno de los motivos del viaje, dialogó con Télam sobre el proceso de escritura de la primera obra suya que llega a las librerías locales.

«Estudie Trabajo Social en Argentina, ejercí durante 20 años en Chile, un buen día renuncié para darme un año sabático para escribir un libro de cuentos y el año sabático ya se va convirtiendo en el número diez», relata la también autora de los libros de cuentos «Ambiente familiar» y «Lo que no bailamos».

Foto Eliana Obregn
Foto: Eliana Obregón.

Suárez dice que la relación con Argentina nunca se interrumpió porque tiene a parte de su familia y a muchas de sus amigas viviendo acá, pero además está atenta a la obra de muchas autoras de la escena literaria local como Selva Almada, Samanta Schweblin, Mariana Enriquez y Luz Vitolo.

«También leo mucha poesía pero en forma muy dispersa, tengo respeto por ese manejo del lenguaje. Leo poesía pensando en la narrativa, me interesa que el poeta cómo el poeta logra llegar como a la esencia vital de la palabra. Leo poesía porque va a nutrir mi narrativa», explica.

«Sara» es el título de la novela escrita en 2017, publicada por primera vez en 2019 en Chile, y que ahora reeditada por decisión de Caballo Negro. Pero también es el nombre de la protagonista, una mujer que intenta pensarse en relación a un mundo laboral que no la incluye pero también una red de afectos en proceso de reconfiguración, con un padre enfermo y una hija empezando una nueva vida personal lejos de la casa materna.

– ¿Volviste a leer la novela? ¿Hubo cambios en relación a la versión original? Hay expresiones que respetan los modismos que dan cuenta de que esté situada en Chile. ¿Fue una decisión sostenerlos?
– La volví a leer pero no le hice grandes cambios. No soy de la idea del glosario, el lenguaje se tiene que entender en el contexto y uno tiene que trabajar para que se entienda. Y más en este tiempo, con la proliferación del universo audiovisual en el que podemos ver «El marginal» o cine mexicano y entenderlos perfectamente.

-¿Cómo ves la circulación de obras de autores de América Latina?
– 
En los últimos años está circulando la literatura entre los países de la región por el trabajo de distribuidoras, como Big Sur, también las ferias del libro, que hacen más fácil el encuentro de autores, ayudan a que se vayan formando lazos, vayamos leyéndonos. Esto nos da una mirada latinoamericana de lo que pasa en la literatura.

– La novela pone el foco en lo que pasa con el sistema jubilatorio chileno. ¿Cómo fue su repercusión?
– 
Gran parte de la revuelta en Chile fue eliminar las AFP -el sistema de capitalización individual obligatoria- y hoy es una demanda vigente. La novela circuló mucho en clubes de lectura. Varios me dijeron que les resonaba Sara en muchas de mujeres que conocían: sus madres, sus tías. Por eso creo que a la novela le fue muy bien y hubo mucha gente que decía «conozco a esa Sara» y otra que la leía desde el propio miedo, y me decía «voy para allá» o «soy una profe y me voy a jubilar con el 30% del sueldo».

Foto Eliana Obregn
Foto: Eliana Obregón.

– En la novela proliferan los personajes femeninos. Los que aparecen están mudos, su padre por estar muy enfermo, y Mario, su exmarido y padre de su hija, no está y estuvo muy ausente en esas vidas. Son las mujeres las que hablan, hacen, llevan adelante la acción y todas tienen una relación muy fuerte con el trabajo…
– 
Sí, me interesaba especialmente el cambio que se ha dado en las últimas décadas en la relación con el trabajo. Ese valor que el personaje de Sara le daba a la experiencia, a estar mucho tiempo en una empresa, eso se ha ido perdiendo sobre todo en Chile. Las generaciones actuales están más al mejor postor, se movilizan más, no hay un valor en estar un tiempo en un trabajo. Me interesaba esa diferencia con el personaje de Julia, la vecina, ese personaje que está un tiempo en un trabajo y cuando le ofrecen más plata se cambia.

– Julia también es para Sara la muestra de que eso que le pasa a ella va a seguir pasando en el futuro. Está convencida de que para esa joven jubilarse va a implicar lo mismo. ¿Cómo se fueron configurando los temas y los personajes?
– 
Me interesaba hacer una novela con el tema urbano, tenía más personajes, cuando presenté el proyecto era como hablar de las relaciones dentro de la ciudad. Conversando con amigas de pronto empezó a resonar este tema en frases como «mi hermana se va a jubilar», «mi mamá está con problemas». Yo ya tenía instalada a Sara y sentí que la novela era de ella, entonces empezó a crecer el personaje. Cuando escuchaba las conversaciones, sentía que no había leído a esta vieja en la literatura y empecé a trabajar con esa idea de instalar un personaje que no está muy abordado. Se suele representar a los de 30, 40 pero lo más grandes no suelen ser personajes protagónicos. Una persona que leyó el manuscrito me dijo que yo le había hecho la novela a esa vieja loca que en las películas aparece abriendo la puerta del departamento de al lado y está llena de gatos. Es un personaje que aparece en las películas y del que nunca se sabe mucho.

– ¿Qué lecturas te acompañaron durante la escritura?
– 
Estuve leyendo libros de escritores, diarios de escritores como el de Virginia Wolf. También el diario de un escritor que vivía con su esposa, eran los dos muy viejitos y el problema era el día a día, era un diario del día a día de la vejez. Después en cada fiesta, cumpleaños, encuentro al que iba me acercaba a poner mucho oído para saber de qué conversan, de que están hablando. También leí ensayos sobre los miedos de la vejez como el miedo a caerse, que aparece en la novela. Me fui haciendo así un listado de cosas para ir construyendo el personaje. Hay muchos tipos de vejez pero la idea era cómo tocar al lector y ayudar a que piense un poco en su vejez y qué estamos haciendo en ese sentido. Cuando la novela salió y me empecé a contactar con lectores, clubes de lectura, ese aspecto aparecía. Muchos me decían: la novela me incomodó porque vi reflejadas muchas cosas, me dio miedo verme. En algunos clubes de lectura la leyó gente muy joven que me decía que le había servido para entender a la abuela, a la tía, a la madrina.

Foto Eliana Obregn
Foto: Eliana Obregón.

– La estafa es un tema clave y muy vigente en tiempos de redes sociales y estafas virtuales además donde se configura un mundo en el que hay generaciones que se quedan afuera.
– 
Me interesaba pensar la estafa como algo simbólico también porque en el fondo hay una promesa en Sara, trabajas tantos años y después viene la jubilación y en el sistema chileno eso es una estafa porque trabajás 40 años y después te entregan un 30% y bajas tu nivel de vida. Te pasaste décadas tratando de salir de la pobreza y cuando llegás a viejo te mandan de vuelta de un cachetazo.

– La familia es un eje que también está presente en tu libro de cuentos, ¿Qué te interesa de ese universo?
– 
Vengo del trabajo social, donde trabajé 25 años y me interesa desmitificar a la familia. Es el lugar en el que nos hacemos los afectos pero también es el lugar donde se producen tensiones y a veces los mayores daños.

– ¿Sobre qué estás escribiendo ahora?
– 
Sobre un abuso. Hay distintos tipos de abusadores. Mi premisa es desnudar el abuso y el libro busca instalar que se pueda poner más ojo, estar más atenta. El abuso se da mucho en ámbitos familiares y muy invisibilizado. La novela quiere poner el acento en cómo proteger a los niños, estar más atentos. No vamos a terminar con los pedófilos pero hay que abrir los ojos y pensar en las guías de prevención. No aspiro más que a eso, a mostrar y que ayude a pensar. Es literatura que también tiene que entretener, incomodar.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202305/629522-maivo-suarez-literatura-novela.html