Vera Spinetta – “Terso”

“El sonido desarma la complejidad del pensamiento / Entregamos el cauce de nuestros cuerpos en movimiento al aire”, canta Vera Spinetta en “Incesante”, la canción que abre el disco y que tiene uno de esos estribillos que no parecen serlo. La referencia más tangible es Björk, con toda la intangibilidad que eso implica: con Guido Moretti y Pablo Damián Bursztyn, la cantante engarza un caleidoscopio electrónico en el que el beat no es una intención dominante y los acordes son un modo de acentuar.

Vera canta afinada y precisa incluso cuando parece que va a perderse. Juega con los matices de su registro, los explora como si los estuviera descubriendo. Es como la cantante de jazz de un trío que cambió el piano, el contrabajo y la batería por un laboratorio sonoro que le permite otros recursos. La influencia de su padre aparece nítida, como ella reconoce en la fantasmagórica “Ave anexa”. “Voy cayendo en tus manos que generan la aurora boreal / traduciendo con su vuelo los colores que aún no existen”, repite, antes de una coda que desarma: “El día que no espero cubrirme en tu protección / sabe el tiempo que llevo buscandote”.

“Blu” es la canción en la que Vera Spinetta se comunicó durante el embarazo con Azul, su segundo hijo (el padre del niño es Juan Mango, líder de Usted Señálemelo, y nació dos días antes de la salida de Terso). “Ya no habrá soledad / si a mi lado estás, creceremos”, le canta como si prolongara el “Cada luz” que Luis Alberto le dedicó a ella.

La inminencia del encuentro con la persona amada atraviesa “Infatuación”: “En tu boca comienza el mar / en la ausencia puedo interpretar / que el silencio reposará en tus ojos / que se funden en el cielo. /  No te alejes, te está esperando mi mañana”, le canta. En “Contraluz”, en cambio, las sensaciones son bien carnales: “Me estremecerás en la madrugada donde los colores ya no valen nada / y la pronunciación del amor está intacta”.

“Terso”, la canción que cierra el disco homónimo, deja de lado el arsenal electrónico y se sostiene en un piano, al punto de que el álbum termina cuando suena la tapa del teclado cerrándose. Hay un breve pasaje con la voz multiplicada y editada, pero no interrumpe la sensación de desnudez instrumental, de mostrar el juego sin artificios, después de años de esconderlo a los ojos del mundo. Ahí dice “Solo queda confiar en mí”. Y lo bien que hace.

Fuente: https://silencio.com.ar/criticas/discos/vera-spinetta-terso-49098/