COLUMNA DE SARAH GONZÁLEZ EN CÓDIGO DE ROCK

En su columna en el programa Código de Rock, Sarah González compartió un relato enoturístico que invita a mirar más allá del clásico mapa del vino argentino dominado por Mendoza. La propuesta fue descubrir la identidad vitivinícola de La Rioja y, especialmente, la historia de una bodega que se convirtió en un símbolo de la región.

Cuando se habla de vino en Argentina, muchas veces la referencia inmediata es Mendoza. Sin embargo, otras provincias también desarrollaron una fuerte tradición en la producción de la vid. Entre ellas se destacan Salta, San Juan, Catamarca y La Rioja, territorios donde el vino forma parte de la cultura, la economía y la identidad local.

En ese contexto aparece una bodega con más de ocho décadas de historia: La Riojana, una institución que lleva 85 años de actividad ininterrumpida y que representa una de las experiencias más singulares de la vitivinicultura argentina. Su nombre, que ya deja entrever su origen, refleja el vínculo profundo con el territorio riojano.

La empresa comenzó a consolidarse hacia la década de 1940, cuando se separó de la industria cordobesa y estableció sus propias bases en la provincia de La Rioja. Desde entonces, desarrolló un modelo productivo con características distintivas que la posicionaron como un actor relevante dentro del sector.

Uno de los aspectos más destacados de la bodega es su compromiso social. La Riojana fue una de las primeras industrias vitivinícolas del país en obtener la certificación de Comercio Justo (Fair Trade). Este sistema garantiza que parte de los ingresos generados por la venta del producto se destinen directamente a proyectos que beneficien a la comunidad.

Gracias a ese modelo, la cooperativa impulsó diversas iniciativas sociales en la región. Entre ellas, la construcción de un colegio secundario agrotécnico en Tilimuqui, una obra clave para la formación de jóvenes vinculados a la producción agrícola. Además, se realizaron mejoras en los sistemas de agua en zonas productivas, un aspecto fundamental en una provincia donde el recurso hídrico es escaso y representa uno de los mayores desafíos para la actividad.

La experiencia de La Riojana demuestra que el vino puede ser mucho más que una bebida emblemática: también puede convertirse en una herramienta de desarrollo social y comunitario. Y, al mismo tiempo, reafirma que la identidad vitivinícola argentina no se limita a una sola provincia, sino que se construye a partir de múltiples territorios y tradiciones.

Así, el enoturismo en La Rioja aparece como una oportunidad para descubrir no solo paisajes y vinos, sino también historias de trabajo colectivo y transformación social que forman parte del corazón productivo del país

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