El testimonio de Diego Martín Ogando: “Se lo debía a mis padres” | El nieto recuperado 118 declaró por primera vez ante la Justicia


Más “liviano”, más “aliviado”, Diego Martín Ogando Montesano le dice a este diario que el testimonio que brindó temprano en la mañana de hoy era algo que “debía” hacer. No en el sentido del deber; más bien como una deuda. “Se lo debía a mi papá y a mi mamá, desaparecidos; a mi hermana, fallecida, a mi abuela. Luego de que declaré sentí emoción y un gran alivio”, reflexionó el joven de 44 años, apropiado a pocos días de nacer en la cocina del Pozo de Banfield, sobre una chapa sobre la que su mamá, esposada, tabicada y carente de todo cuidado lo parió y llamó “Martín”, y restituido en 2015. Su testimonio, el primero que da desde que recuperó su verdadera identidad, es una pieza más que suma al “rompecabezas” de la reconstrucción de sus “vínculos biológicos”, esa “historia que vino a completar la que viví durante 39 años”, contó. La querella de Abuelas de Plaza de Mayo en la audiencia número 28 del juicio de lesa humanidad por los crímenes que tuvieron lugar en las Brigadas de Banfield, Quilmes y Lanús durante la última dictadura cívico militar argentina inauguró el testimonio de Ogando Montessano, el primero que da ante un tribunal. Su testimonio fue seguido por el de Emilce Moler, sobreviviente del Pozo de Quilmes, y quien, a diferencia de él, declaró por lo menos cinco veces en ocasiones anteriores. De puntapié, quiso saber la abogada  Coleen Torre, si el joven siempre se había llamado así. La verdad a medias“No siempre fui Diego Martín Ogando Montessano”, respondió. Más tarde dirá que estaba “nervioso” y que los problemas de conexión que complicaron al comienzo la transmisión de su testimonio, que dio desde su casa por vía remota, sumaron a ese estado. “Me hice apuntes para no olvidarme de nada, porque aunque es la historia de mi vida y la conozco, quería que quedara todo claro”, contó post declaración. Su resumen no tuvo titubeos: relató que sus “padres de crianza” no podían tener hijos, entonces lo “adoptaron”. “Adoptaron entre comillas, porque no fue una adopción legal lo que hicieron”, aclaró. Más adelante detallaría que fue a Armando Berestycki a quien “le tiraron el dato de que en esa clínica vendían bebés”. “Fueron ahí –a un sanatorio privado ubicado en la calle Mariano Moreno 6180 de Wilde, partido de Avellaneda–, se presentaron, llevaron dinero, me compraron. Un 17 de diciembre de 1976”, continuó. El matrimonio Berestycki lo llamaron “Diego” y lo inscribieron como hijo propio. Aunque, aclaró Ogando Montessano, “siempre” le dijeron que no era hijo biológico de ellos. Dijo que “tuvo esa suerte”. Con el paso del tiempo, quiso saber más detalles y, dijo, el matrimonio accedió. Le generaba dudas la circunstancia de su nacimiento “porque por el año que nací podía ser hijo de desaparecidos. Ellos no lo sabían, no lo sabíamos, yo tampoco”, sostuvo. Y hasta allí, hasta la puerta de esa duda enorme, llegó el joven en sus averiguaciones mientras el matrimonio que lo compró sin más estuvo con vida. “Nunca quise hacerme ninguna prueba ni nada para averiguarlo por si llegase a dar positiva esa prueba para que ellos no tuvieran ningún problema judicial o quedar presos”, reconoció Ogando Montessano. Recalcó: “No me lo hubiese perdonado si eso pasaba”. Pero en 2015, ese peso se fue con el matrimonio, que enfermó y falleció con pocos meses de distancia. Entonces, acudió a Abuelas de Plaza de Mayo. La verdad que faltabaAcudió a la consulta con el organismo con su partida de nacimiento falsa y “toda” su historia. El documento otorgó un dato que encendió la alarma: “Pudieron ver que llevaba la firma de la partera (Juana Arias de Franicevich), que todos sabían que tenía vínculos con (el represor Jorge Antonio) Bergés; una partera que había firmado partidas de nacimiento de otros nietos restituidos y legada a la venta de esos bebés”, contó el joven ante el Tribunal Oral Federal número 1 de La Plata. “Enseguida me mandaron a hacer una prueba de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos”, continuó. Entonces, hacía ya 15 años que vivía en Miami. Mandó la prueba por valija diplomática y esperó. “Como me habían dicho que en uno o dos meses me contactarían, pasó ese tiempo y bueno, seguí trabajando con mis tareas…”, relató, dando a entender que el tema se empezaba a diluir del universo de posibilidades que había empezado a construir. Sin embargo, un día recibió el llamado de Claudia Carlotto, titular de la Conadi. “¿Estás sentado?, sentate que te voy a contar tu historia”, le dijo por teléfono. “Me impactó muchísimo”, respondió el nieto restituido 118 cuando la abogada Pía Garralda, del colectivo querellante Justicia Ya! le consultó sobre lo que significó esa noticia. Dijo que “no era algo que esperara” y reconoció que cuando lo cuenta “no parece que fuera el protagonista, parece que estuviera hablando de otro”, algo que se nota. Por su tranquilidad, por su capacidad para resumir y empaquetar en una estructura en la que cada pieza vaya encajando. No por eso, sin embargo, no la siente: “Es una historia de mucho dolor y muerte. de padres torturados y desaparecidos, de una hermana que como consecuencia no pudo seguir viviendo más. Pero al margen de todo este dolor conocer la verdad de uno también reconforta. Por lo menos eso es lo que me pasa a mí”, señaló. La verdad verdaderaDurante su testimonio, Ogando Montessano dijo que “no” tuvo contacto con sobrevivientes que hayan visto a su mamá o a su papá en el centro clandestino Pozo de Banfield. Tampoco buscó a compañeres de militancia de elles. Tampoco es un seguidor asiduo del juicio de lesa humanidad en el que son tratados sus secuestros, sus desapariciones y su nacimiento, y en el marco del que él es testigo. “Escuché algunos testimonios, como el de Marta Ungaro y el de Walter Docters, pero son muy duros y me hacen mal”, reconoció en diálogo con este diario. Ante el TOF 1, repasó brevemente las piezas que componen el rompecabezas de su identidad y que recogió rápido a partir del momento en el que supo quién era, en aquella charla con Carlotto: “Me cuenta el nombre de mi papá, Jorge Oscar Ogando, el de mi mamá, Stella Maris Montessano. Me dijo ‘vos naciste en el Pozo de Banfield’, estuviste un par de días ahí y luego te cambiaron la historia. A ellos los llevaron allá, los torturaron y desaparecieron. Tenías una hermana, una abuela que te buscó desde el primer día”. El nieto de Delia Giovanola, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, supo y reprodujo también las circunstancias del secuestro de sus padres, de que a su hermana Virginia, que entonces tenía 3 años, la dejaron en una cuna, algo que relató con mayor detalle en su testimonio de la semana pasada su abuela. Contó que conoció a Liliana, la hermana melliza de su mamá. Y que, por intermedio de un anónimo que recibió Delia, de parte de un militar, tuvieron “el dato” de que a sus papás los habían asesinado y enterrado en la Estancia la Armonía, en las afueras de La Plata. “Pero es un lugar muy grande y los forenses todavía no dieron con ningún resto”, aclaró. Ogando Montessano le dedicó un mensaje especial a su hermana: “Es algo tremendo no poder estar con ella, no poder haberla conocido. Todo el mundo me habla de ella como que era un angel, muy amiguera. que lo que más quería era reencontrarse con su hermano, hizo de todo para buscarme, fue a la televisión, participaba de marchas”, sostuvo. Virginia se suicidó en 2011. A ella dijo, más tarde, que le debía su testimonio. A ella, a sus papás, a su abuela, generaciones que “estos genocidas arruinaron”. “Estos genocidas arruinaron la vida de cuatro generaciones por lo menos: la de mi abuela, la de mis padres, las mía y de mi hermana, las de nuestros hijos”, denunció, por lo que reclamó, antes de apagar la conexión, “a pedir cárcel común y efectiva, nada de domiciliaria, para esta gente si se puede llamar gente”. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/345395-el-testimonio-de-diego-martin-ogando-se-lo-debia-a-mis-padre

Deja una respuesta

Escribinos
Estamos conectados
¡Hola! Estoy escuchando desde omradio.ar