COLUMNA DE SARAH GONZÁLEZ EN CÓDIGO DE ROCK

La increíble historia de Enriqueta Pisetta, la artista riojana que envió una obra a la NASA antes de la llegada del hombre a la Luna

Entre las historias menos conocidas de La Rioja se encuentra la de Enriqueta Nocenta Pisetta, una mujer italiana que llegó a Chilecito a comienzos del siglo XX y terminó convirtiéndose en una de las figuras culturales más singulares de la provincia.

Su historia está estrechamente ligada a la familia Pisetta, pionera en la industrialización de la producción vitivinícola riojana. Nacida en Italia en 1904, Enriqueta llegó a la Argentina siendo apenas una adolescente, tras contraer matrimonio con Carlos Pisetta, un empresario vinculado a la actividad bodeguera de la región.

El cambio fue radical. De la riqueza artística y arquitectónica del viejo continente pasó a instalarse en un Chilecito muy distinto al que hoy se conoce. Sin embargo, lejos de quedarse anclada en la nostalgia, se dedicó a aprender el idioma, las costumbres locales y a construir una vida que dejaría una profunda huella cultural.

Años después, una tragedia marcaría su destino. La muerte de su único hijo, Carlos, a los 33 años, la sumió en un profundo dolor. Pero fue precisamente en ese momento cuando comenzó a desarrollar una faceta artística que permanecería oculta hasta entonces.

Sin formación académica en arte ni experiencia previa en escultura, Enriqueta empezó a trabajar con arcilla y barro. Lo que surgió de sus manos sorprendió a todos: esculturas de gran nivel de detalle, obras religiosas, murales, pinturas y piezas que hoy forman parte de un importante patrimonio cultural conservado en la antigua residencia familiar.

La casa donde vivió, ubicada en Anguinán, a pocos kilómetros de Chilecito, funciona actualmente como la Posada Nocenta Pisetta. Allí se conservan muebles originales, fotografías, cámaras antiguas, instrumentos musicales, obras de arte y numerosos objetos personales que permiten reconstruir la vida de esta mujer excepcional.

Uno de los episodios más llamativos de su historia ocurrió en 1969, cuando la misión Apolo 11 se preparaba para llevar al hombre a la Luna. Enriqueta elaboraba pequeños zapatitos de arcilla que regalaba como recuerdo a personas cercanas. Convencida del valor simbólico de esas piezas, decidió enviar uno de ellos junto con una carta a la NASA, dirigido a Neil Armstrong.

Contra todo pronóstico, la encomienda llegó a destino. Tiempo después recibió una respuesta oficial firmada por integrantes de la misión espacial. La carta, que aún se conserva, forma parte de los tesoros históricos exhibidos en la posada y constituye un testimonio único del vínculo entre una artista de Chilecito y uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad.

Hoy, el legado de Enriqueta Pisetta continúa vivo. Sus obras siguen sorprendiendo a quienes visitan la antigua casona familiar, convertida en un verdadero museo que resguarda una parte poco conocida, pero fascinante, de la historia cultural de La Rioja.

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