Benito Quinquela Martín y su desconocido vínculo con La Rioja: un mural oculto, el vino y un legado solidario
Aunque su nombre está íntimamente ligado al barrio porteño de La Boca y a las escenas del puerto que inmortalizó en sus pinturas, pocos conocen la estrecha relación que Benito Quinquela Martín mantuvo con la provincia de La Rioja. Esa historia, marcada por el arte, el vino y la solidaridad, fue repasada por Sarah González durante su columna en el programa Código de Rock.
Quinquela Martín, nacido en Buenos Aires en 1890, fue abandonado siendo un bebé en la Casa de Niños Expósitos y posteriormente adoptado por una familia de La Boca. Autodidacta y convertido en uno de los máximos referentes de la pintura argentina, dedicó gran parte de su obra a retratar la vida del puerto y el trabajo cotidiano de los inmigrantes.
Sin embargo, con el paso de los años desarrolló un fuerte vínculo con La Rioja. Fumador empedernido, encontraba alivio para sus problemas respiratorios en el clima seco de la provincia, por lo que comenzó a visitarla con frecuencia. Allí también entabló amistad con artistas e intelectuales locales y descubrió los vinos riojanos, que pasaron a formar parte de sus habituales reuniones.
Uno de los episodios más llamativos de esa relación ocurrió en la localidad de Pituil. Durante una visita a una bodega, el artista observó una pared en blanco y pidió autorización para intervenirla. El propietario aceptó y Quinquela Martín dejó plasmado un mural que, según relató González, todavía permanece oculto en una propiedad privada y constituye un verdadero patrimonio histórico. La columnista señaló que aún busca localizar a los actuales dueños para poder conocer personalmente esa obra poco difundida.
La historia de Quinquela también estuvo atravesada por un fuerte compromiso social. Sin hijos directos, su legado quedó en manos de una sobrina nieta, quien impulsó la Fundación Benito Quinquela Martín para preservar su obra y continuar con el espíritu solidario que caracterizó al pintor.
Según contó Sarah González, el artista acostumbraba a donar gran parte del dinero que recibía a personas necesitadas. Esa vocación de ayuda continúa reflejándose en iniciativas impulsadas por la fundación, entre ellas una alianza con una bodega riojana que dio origen al “Trío Benito Quinquela Martín”: una edición especial de tres vinos cuyo packaging reproduce obras del pintor y cuya comercialización contribuye al sostenimiento de las actividades de la fundación.
Así, décadas después de su muerte, el nombre de Benito Quinquela Martín sigue unido no solo al arte argentino, sino también a una historia poco conocida que conecta a La Boca con los paisajes riojanos, donde aún sobrevive un mural escondido y un legado de solidaridad que continúa vigente.
